Instinto Lógico

Recuerda que nadie debe pensar por tí.

De la roca nacida

“De la roca nacida” es un relato de Carmen Romeo Pemán que, el día 2 de octubre de 2014, recibió el premio del VII Concurso de Relatos Helvéticas, un concurso nacional que anualmente convoca esta escuela de escritoras.

 

De la roca nacida

A las fragolinas de mis ayeres

Siempre que salía de su casa, Petra se sacaba las manos de los bolsillos para acariciar los sillares de las casas y arrastraba las alpargatas para sentir mejor el empedrado en las plantas de los pies. Deambulaba por las calles con la cabeza baja y los ojos entornados, sintiendo que su cuerpo, como las casas, era una prolongación de la roca en la que se asentaba el pueblo. A sus diez años nunca había salido de allí, ni podía imaginarse un lugar diferente de aquel.

El Frago era un pequeño poblado medieval encima de un gran peñasco. Sus cuatro calles formaban dos círculos en torno a la gran atalaya de la iglesia, rodeada por el antiguo cementerio y por la barbacana del Fosal, que convertía al conjunto en un baluarte inexpugnable. Después venía el primer círculo de calles, protegido por otra barbacana. Desde esta segunda barbacana, la del Terrao, allá abajo se veía el cauce del Arba.

A Petra le gustaba ir al río y contemplar el pueblo desde abajo. Desde allí El Frago se parecía a la ciudadela que había soñado Cristina de Pizán en su Ciudad de las damas. Solía volver del río por un sendero estrecho que serpenteaba para hacer más llevadera la subida. Era una empinada cuesta por la que subían las mujeres que habían ido a lavar al río, con sus capazos de ropa limpia, y las que habían ido a buscar agua a la fuente, con dos cántaros apoyados en la cintura y otro en la cabeza. Petra caminaba con dificultad porque los pies se le hundían en el barro y se le enzarzaban con las raíces de los árboles. Mientras subía se le iban apareciendo aquellas damas de Cristina de las que tanto le hablaba su madre cuando la acostaba por las noches.

Al final de la cuesta, se sentaba y se acurrucaba en un recoveco de la roca del pueblo, justo debajo de la barbacana del Terrao. Desde allí contemplaba los linares del otro lado del río y recordaba a la joven Aracne, la que según Cristina había inventado el arte de cultivar y tejer el lino. Pero Petra pensaba que Cristina andaba confundida en eso de los nombres, porque justo a su izquierda, sentada en el banquero del Piquero, solía estar siña Gregoria de Michela dando vueltas al  huso, con la rueca sujetada a la cintura. Siña Gregoria se pasaba el día hilando en los banqueros de las calles y en el carasol del huerto de Vicenta. Petra pensaba que eso trabajar el lino lo había inventado siña Gregoria, porque nadie sabía hacerlo como ella.

Por las noches, cuando volvía a casa, solía recorrer las calles para despedirse de las damas que apuraban la última luz de la tarde. Un día se encontró en la calle Mayor con el polvo y el sudor de Manuela de Ferrerito, que venía agotada de dar gavillas. En ese momento pensó que lo que le contaban su madre y Cristina eran patrañas. Que las mujeres que iban al campo a sembrar, a escardar, a segar y a trillar, no tenían nada que ver con la reina Ceres. Que por las tardes llegaban cansadas y sudorosas, y no tenían el aspecto de reinas triunfantes ni de damas ilustres. Que las mujeres de su pueblo tenían nombres corrientes, que ninguna tenía apellidos, porque sólo se sabía de qué casa eran.

De repente se dio cuenta de que el mundo de los sueños era más bonito que el de su pueblo. Se dio cuenta de que Cristina de Pizán se había inventado un mundo maravilloso y de que su madre se lo contaba para enseñarle a soñar.

Entonces decidió que no quería huir a mundos maravillosos, que se quería fundir con la roca del pueblo y hundir sus pies en el barro. Decidió seguir acariciando los sillares de las casas en las que vivían las damas fragolinas y seguir arrastrando los pies por el empedrado que hollaban las abarcas de unas damas que nunca habían calzado ni calzarían chapines.

 

 

 

 

 

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7 Comments

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  1. Enhora buena hermana. Sigue así. Tu puedes

  2. me gusta mucho el relato carmen,es un recuerdo de las costumbres y formas de vivir de nuestros padres y que yo lo he visto cuando era niña. Me gusta la descripción del pueblo con sus puntos importantes de convivencia con sus miradores.Por último me gusta mucho la descripción de la que fue mi abuela pensando en lo que les contaban de mundos irreales y lo que para ellos era la vida. gracias carmen por todo lo que investigas y nos expresas.

  3. Manuel Pérez Berges

    ¡Enhorabuena Mari Carmen! Me alegro hayas elegido nuestro pueblo como punto central de tu cuento y que hables de sitios, parajes y personas que todos recordamos.

    Un abrazo y a pensar en el próximo.

  4. Enhorabuena para Carmen desde Archena de parte de Tropas Rosi Gloria y Raul

  5. !Bravo Carmen!

    Interesante, bucolico, agradable…..

    Un fuerte abrazo

  6. Enhorabuena de parte de todos,es precioso nos ha gustado mucho.

  7. María José Romeo Berges

    Carmen, enhorabuena por el premio; amén de la técnica narrativa que destaca Helvéticas, para mí ¡el relato es precioso!
    Gracias por descubrirnos el pasado de nuestras abuelas y bisabuelas. Me siento orgullosa y afortunada de la herencia que nos han transmitido a las mujeres que hoy vivimos en El Frago.

    Un abrazo enorme de,
    Marijo

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